Nací en el inicio de los ochentas, era un época extraña, en el que los malos de las películas usaban colores fosforecentes, pero agradezco no haber nacido en los 70, porque eso de llevar pantalones acampanados creo que hubiera marcado negativamente mi vida.

 

De pequeño solía coleccionar tornillos, insectos, carros de juguete, piedras, recortes de Demi Moore, pedazos de madera, cartas, cosas que no se para qué sirven, monedas y timbres postales. Ahora prefiero coleccionar buenas ideas, por varias razones, la primera porque ocupan mucho menos espacio, la segunda por que son recicables y la tercera y mejor, porque todas no son mías.

 

Me gusta el jazz, creo que si la música pasa de cierta cantidad de deciveles es porque no tienen nada interesante qué decir.

 

Me encanta decirles a mis amigos el final de las peliculas, sobretodo si no la han visto. He tenido 28.3 compañeros de piso distintos, el .3 es por un chico que nunca salía de su habitación y pasaba el día jugando videojuegos, sabía que no era producto de mi imaginación por la poca higiene con lo que solía adornar el cuarto de baño.

 

Tengo muy mala memoria pero no recuerdo porqué… porqué… qué? Ah, la memoria.

 

Considero que tengo muchísima buena suerte, aunque nunca la suelo sacar de casa para que no se me gaste.

 

Antes buscaba mi media naranja, pero solo encontraba media morenas, media bajitas, medias listas, y listas y media. Por ello, ahora estoy en contra de las medias tintas y en pro de las medias de seda.

 

Por otro lado, trabajo mucho, unas doce horas al día en promedio. Planeo trabajar 25 horas al día, cuando me mude a Finlandia, que dicen que por allá los días duren seis meses.

 

Mi profesión no es tan interesante como para hacer un programa de televisión con gente guapa y explosiones. Por lo que en la escala de interés, ser diseñador debe estar debajo de ser forence, policía, médico, abogado, asesino a sueldo, nazi, romano, teletubie o dinosaurio.

 

Odio las frases, “Tú mismo”, “Si se puede” y “Su pasaporte, por favor”.

 

Nací en México, pero prometo que no lo vuelvo a hacer.

 

Como cantidades industriales de lechuga, con la esperanza de que en cincuenta años sea un viejo verde, y así mis niveles de clorofila me den la suficiente energía para pasarme los días tirado al sol. Aunque ahora que lo veo sería algo así como la versión desinflada de hulk.

 

Espero un día morirme de aburrimiento, porque no me gustaría estirar la pata justo cuando estoy haciendo algo divertido. Además de que le echaría perder la diversión a los demás, y la gente es muy elitista con las personas que no tienen pulso.

 

Tardé mucho tiempo en redefinir lo que otros habían etiquetado como incapacidad, molestia o extrañez. El decifrar lo que constantemente desconcertaba a los demás y asumirlo de manera positiva fue el final de un largo esfuerzo de querer ser como todo el mundo y el inicio de un largo camino (mucho más difìcil, desafiante y reconciliante) el querer ser como soy. Los frutos de estos esfuerzos espero puedan ser observados como una larga estela de huellas creativas en el que pueda definirme como el autor de un sendero propio.

 

Espero disfruten este blog, y no se pierdan “La historia de todos los puentes”, un blog sobre cuentos de un servidor, “Luisberumen”, cosas que me gustan y “MindWriter” un blog sobre creatividad.

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